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Jugadores en una mesa del Torneo ILAN en la BiblioGAM, con cartas en la mano y la sala llena de fondo
ILAN

Santiago, doble jornada: dos finales y un torneo que crece año a año

por Álvaro González

11 min de lectura

EN LA MAÑANA, AILEEN QUEDÓ a cuatro puntos de la final. Podría haberse ido a la casa. Se quedó a la tarde, volvió a sentarse y terminó ganando la final.

Su historia resume bien lo que fue, el sábado 10 de octubre, la sede Santiago del Torneo Nacional ILAN 2026, que organizamos junto a la Fundación Antártica21 y que este año va en su tercera edición. Fueron dos jornadas seguidas en la BiblioGAM, cerca de ochenta jugadores y muchos que, como ella, se quedaron a jugar las dos. Todos detrás del mismo premio: un viaje a la Antártica para dos personas, que auspicia Antarctica21.

Un torneo que crece año a año

Santiago fue la sede más concurrida del año. Se jugó en dos jornadas, una en la mañana y otra en la tarde, y en las dos tuvimos que abrir cupos extra cuando se estaban llenando.

Llegar al GAM fue mérito de Fran (Francisca Pardo), que lleva marketing y comunicaciones en nuestro equipo. Ella hizo los primeros contactos con el Centro Cultural Gabriela Mistral, y después vinieron un par de reuniones: la primera, para explicarles qué es ILAN y cómo funciona un torneo. Les gustó lo que el juego transmite sobre la Antártica y su ecosistema, y todo su potencial educativo, muy alineado con los objetivos de la BiblioGAM. Las siguientes reuniones fueron para afinar los detalles de un día con dos jornadas. En el GAM están acostumbrados a eventos mucho más grandes que el nuestro, y se notó: todo fluyó, y le estamos muy agradecidos a su equipo de organización.

Este año, además, Santiago estrenó casa. El año pasado jugamos en la Cava patrimonial Concha y Toro, y esta vez nos tocó la BiblioGAM, la biblioteca del centro cultural, en pleno centro de Santiago. Dany, uno de los autores del juego, lo resume en dos cosas: el espacio quedó muy lindo y es muy fácil llegar. Antes de irnos dejamos algunos juegos de regalo, para que cualquiera que pase por la biblioteca pueda sentarse a jugarlos cuando quiera.

La mitad de los inscritos llegó porque alguien los invitó, y se notó. La mayoría vino en grupo: amigos, parejas, hermanos. Antonio jugó la mañana con su hijo. Farah llegó con su pololo, Fabrizio, y con su hermano, César. Muchos jugaron las dos jornadas seguidas.

Antes de la primera ronda de cada jornada, Edgardo Vega, director ejecutivo de la Fundación Antártica21, dio la bienvenida con un dato: en junio, en pleno invierno, la Antártica tuvo temperaturas cercanas a los 15 grados, unos 20 por encima de lo normal. Para que se entendiera, lo trajo a Santiago: es como si un día de verano, en vez de 30 grados, tuviéramos 50.

El registro existe. El 6 de junio de 2026, la Base Esperanza, en el extremo norte de la Península Antártica, marcó 15,4 °C, el récord para un mes de junio.

Por eso, dijo Edgardo, hay que conocer la Antártica, protegerla y sentirla propia, y no como algo lejano a miles de kilómetros. La Antártica, recordó, es el corazón del mundo. Y no es solo una imagen: su hielo crece y se achica a lo largo del año, y con ese pulso bombea las corrientes de los océanos de todo el planeta.

Jugadores de ILAN en mesas redondas entre los estantes de la BiblioGAM, con un gran ventanal al fondo

La sala de la BiblioGAM durante una ronda clasificatoria.

La mañana: una trama trófica y un factor

De todo el torneo, lo que más me gusta mirar son las mesas finales. Cuando dos o tres jugadores están cerca de los 40 puntos y nadie sabe quién va a ganar, cada jugada deja a la sala en silencio o le arranca un "uffff" a todos al mismo tiempo. Se notan los nervios. La final de la mañana fue así de principio a fin.

Llegaron cinco después de tres rondas clasificatorias: Nayadett, que había terminado primera; Rodrigo; Williams; Alonso y Adolfo, que entró quinto. Para Nayadett y Alonso era su primer torneo de ILAN, y aun así se ganaron un lugar entre los cinco.

Dany confesó después que casi no la miró, de lo tenso que estaba el ambiente. En un momento Rodrigo se paró de la silla. Al rato, Adolfo armó una trama trófica que le daba la victoria, y Williams le respondió con un factor que le restó puntos justo antes de la meta. Adolfo, campeón de la sede Concepción el año pasado, no lo podía creer. Fran, que estaba al lado, recuerda el grito: "¡Nooo, otra vez, no puede ser! En Conce me hicieron lo mismo".

Esa jugada le abrió la puerta a Rodrigo, que llegó primero a 40 y se llevó el cupo de la mañana a la Gran Final, donde se juega el viaje a la Antártica. Adolfo terminó con 38, Williams con 35, y Nayadett y Alonso empataron en 30.

Manos de un jugador sobre una fila de cartas de especies antárticas de ILAN, leyendo el texto de una de ellas

Un jugador lee sus cartas antes de ejecutar sus acciones. Ahí empieza a armarse una trama trófica.

La tarde: un triple empate y una jugadora veloz

El corte para la final de la tarde quedó en 111 puntos, y en 111 había tres jugadores: Margarita, Nicolás y Víctor. Pasaba uno. Fran estaba parada justo delante de Margarita cuando se leyeron los nombres. Cuando se anunció la segunda mención honrosa y no era el suyo, Margarita entendió que estaba adentro: gritó y saltó de alegría. Es de nuestras clientas más fieles, tiene una colección grande de juegos y siempre quiere saber en qué estamos trabajando. Nos puso muy contentos verla en la final.

Aileen ya se había hecho notar en la mañana. En la segunda ronda le tocó una mesa con jugadores que venían de sacar más de 35 puntos, y la ganó en cuatro turnos (en tres, en rigor, porque el primero lo pasó), dejando a todos bajo los 13. En la tarde hizo lo mismo en dos mesas más. Chilo, el otro autor del juego, lo resume así: hay jugadoras como Aileen que resuelven una partida mucho más rápido que el promedio.

La final, eso sí, tuvo que mudarse dos veces. La mañana se había alargado y la tarde partió más tarde de lo previsto: a las seis y media todavía se jugaba la tercera ronda, y la biblioteca del GAM cerraba a las siete. No nos pilló de sorpresa, porque teníamos reservada una mesa en la cafetería del primer piso, y hacia allá bajaron los cinco finalistas con sus cartas. Alcanzamos a acomodarnos y alguien avisó que la cafetería cerraba a las ocho. Nos movimos otra vez, a una mesa justo afuera, y ahí se jugó la final.

Jugadora de ILAN con cartas en la mano, mirando a otro jugador de su mesa

Una jugadora piensa su siguiente jugada durante una ronda clasificatoria.

Aileen llegaba cuarta a esa mesa. Los demás le quitaron puntos una y otra vez, pero no lograron sacarla del primer lugar; tampoco la dejaron tomar una ventaja que le permitiera relajarse. La cerró con un carroñero que, con la ayuda de un factor, le dio de golpe los puntos que le faltaban. Miguel terminó segundo con 33, Ignacio tercero con 32, Muriel cuarta con 21 y Margarita quinta con 19. Muriel había llegado a la final como la mejor de la clasificación, con tres partidas ganadas con 40 puntos.

Aileen sosteniendo la ilustración de la jornada de la tarde, firmada por los participantes

Aileen, ganadora de la jornada de la tarde, con la ilustración de Chilo firmada por los jugadores.

Lo que no se ve durante la partida

El día empezó mucho antes de la primera ronda. Dany y Chilo, los autores de ILAN, salieron temprano desde Los Andes, donde vive la mayor parte de nuestro equipo, y llegaron directo a armar las mesas: once por ronda en cada jornada, cada una con su mantel. Vasco (de Entre Copas y Juegos) estuvo apoyándonos también con el montaje y la organización en general hasta que tuvo que partir a otro compromiso. Desde ahí fue un día sin pausa: entre la primera ronda de la mañana y la última partida de la tarde no alcanzamos ni a almorzar. Dany lo cuenta sin una gota de queja: se pasó muy bien de todas formas.

Chilo pintó en vivo las ilustraciones de cada jornada, una para la mañana y otra para la tarde, sobre dibujos que traía listos. Al llegar, en el check-in, cada participante firmaba la ilustración de su jornada. En la Gran Final, en Ludumbar, cada ilustración se la vamos a regalar al finalista nacional que salió de esa jornada. Entre pincelada y pincelada hizo de vendedor y resolvió dudas de reglas. Esas dudas no se pierden: cuando una combinación de cartas genera una situación imprevista, o una regla no queda clara, la incorporamos después como aclaración en las bases del torneo. Este año, además, estrenamos la bitácora: un díptico donde cada jugador va pegando los stickers que gana en el torneo, con otros para armar sus propios torneos en la casa. Aileen, por ejemplo, terminó el día con la suya y el sticker de nado veloz pegado. Tuvo muy buena recepción y la vamos a mejorar para el próximo año, como tantas cosas del torneo que cambian a partir de lo que nos dicen los propios jugadores.

Chilo, coautor de ILAN, pintando con plumones en una mesa del torneo

Chilo pinta la ilustración de la jornada mientras se juegan las rondas.

También hubo una pregunta de biología, y fue por la salpa: por qué, en el juego, esa carta vuelve a la corriente y no se va al descarte como las demás. Chilo, que es biólogo marino, explicó que las salpas se reproducen de forma asexual a partir de yemas, estructuras que dan origen a nuevas salpas y que pueden quedar unidas entre sí, formando cadenas coloniales. Una salpa, en otras palabras, casi nunca está sola, y la regla del juego viene de ahí.

Hubo una falla que nadie vio desde las sillas. Desde el año pasado usamos una aplicación propia para armar las mesas, registrar los puntajes y aplicar los desempates, y que intenta que los mismos jugadores no se crucen dos veces. Estaba hecha para un máximo de 53 jugadores. En la segunda ronda de la tarde éramos más, y la aplicación tiró un error justo cuando tenía que emparejar a quienes no se habían topado en la primera. Por suerte lo pudimos resolver rápido, la segunda ronda arrancó con las mesas bien armadas y casi nadie se enteró. La aplicación, eso sí, ya sabe que el torneo crece: para el próximo año tendrá que aguantar más jugadores.

Y hubo personajes. Para Chilo, los personajes del día fueron un grupo de adolescentes que llegó invitado por su profesora: entretenidos, metidos en cada partida de principio a fin. Alejandro se llevó una mención honrosa en la mañana y no lo podía creer; dijo que había venido solo a pasarlo bien, y lo celebró comprándose unos playmats de Desamparados. Fran recuerda a un jugador que en la primera ronda de la mañana sacó alrededor de 8 puntos y lo dijo medio avergonzado; en la segunda, 7, y la misma cara. En la tercera pasó los 20 y anunció su puntaje sonriendo. Se quedó a la tarde y le fue mucho mejor.

Gracias a Constanza, de la Fundación Antártica21, que fue a cubrir el evento; a Mila Parra, que fue también a cubrir el evento, a acompañarnos y a tirar la talla un rato; a Vasco; al equipo del GAM y a los trabajadores de la cafetería, que nos dejaron jugar una final entre sus mesas. Y a los jugadores, los que vinieron por primera vez y los que se repiten: son ellos los que hacen que el torneo siga funcionando y que cada año salga mejor que el anterior.

Lo que viene

Con Santiago ya hay dos nombres más para la Gran Final: Rodrigo y Aileen. Antes quedan las últimas sedes:

  • Valdivia, el sábado 17 de octubre, en el Hall Central de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral.
  • La Serena, el sábado 24 de octubre, en Adventure Dreams.
  • Punta Arenas, el viernes 6 de noviembre, con la clasificatoria nacional y el torneo escolar.

La Gran Final será el sábado 21 de noviembre en Santiago, en Ludumbar, y la estamos preparando junto a la Fundación Antártica21. Las inscripciones están en torneoilan.withinplaygames.com.

Dany lo dijo mejor que nadie: lo que más le gusta es ver a gente que vuelve a jugar, pero esta vez con un amigo o un familiar que recién se está metiendo en este mundo, y que después del torneo se van todos contentos y con ganas de volver. Si jugaste en Santiago, ese es el encargo: invita a alguien para el próximo año. Como dice Chilo, lo importante es venir a pasarlo bien.

En la Gran Final se juega el viaje a ese lugar que Edgardo llamó el corazón del mundo. Aileen va a estar ahí porque, cuando quedó a cuatro puntos de la final de la mañana, decidió quedarse a la tarde.

Edgardo Vega, de la Fundación Antártica21, y Chilo, coautor de ILAN, sonriendo en la BiblioGAM

Edgardo Vega, director ejecutivo de la Fundación Antártica21, y Chilo, coautor de ILAN, en la BiblioGAM.

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