Cinco horas en Valparaíso: la final que se ganó con la última carta
por Álvaro González
Cuando Dany y Chilo subieron al segundo piso de Moss Juegos, todavía faltaba para la hora de inicio y ya había partidas de ILAN andando. Varios jugadores habían llegado con sus propias cajas para calentar mientras se armaba el registro. Arriba, en el segundo piso de Moss Juegos, estaba la sala esperando para el desarrollo del torneo: seis mesas, un micrófono prestado por la tienda y un dibujo de un pingüino que cada inscrito tenía que firmar antes de sentarse a jugar.
Así partió la primera sede del Torneo Nacional ILAN 2026, la tercera edición del torneo que reparte un viaje a la Antártica.
Treinta jugadores y una comunidad que ya se reconoce
Se inscribieron 32 y llegaron 30, justo para armar seis mesas de cinco.
Lo que más sorprendió a los autores de ILAN fue cuánta gente se saludaba por su nombre. "Hay personas que yo pensaba que eran amigos de la vida, y me sorprendí al enterarme de que muchos se conocen solamente de los torneos de ILAN", cuenta Dany Varela. Hay jugadores que van por su tercer año, que viajan desde otras ciudades para competir y que llegan sabiendo exactamente qué cartas conviene guardarse.
Uno de ellos es Manuel Cortez, ganador de la sede de Concepción en 2024: quien arrasó en las dos primeras rondas, pero cayó en la tercera. En un formato de tres partidas, eso basta para quedar fuera.
Tres rondas y el dolor de no cobrar puntos
El formato de sede es corto y exigente: tres partidas para sumar puntos y una mesa final con los cinco mejores puntajes. La tensión subió ronda a ronda, y se notó sobre todo en quienes veían la clasificación al alcance.
Ahí apareció el detalle más cruel de la jornada. Varios jugadores comentaron después que con los nervios se les olvidó cobrar puntos que tenían sobre la mesa. Dos de ellos habrían clasificado a la final si los hubieran contado.
Como jueces, Dany y Chilo resolvieron sobre todo dudas de orden: en qué momento se juega cada carta, si el kril de hielo cuenta como kril para efectos de las demás, y qué pasa con las muertes que provocan la mano y la corriente. La Expansión ILAN 2025, de 35 cartas, se llevó buena parte de las preguntas y también de los elogios: varios de los que la vieron funcionar por primera vez se fueron con una bajo el brazo.
También hubo cuatro debutantes y dos gemelos de doce años, que jugaron la jornada completa mientras su hermano avanzaba hacia la mesa final. A los nuevos les tocó una tarde dura, pero ninguno se fue antes: al preguntarles qué les había parecido, contestaron que se estaban preparando para el próximo año.
La mesa final
A la mesa final clasificaron Guillermo Ríos, Tamara Santander, Felipe Luna, Pablo Solar y Catalina Bastías. La partida duró lo suyo: casi se acabaron los dos mazos, el de biodiversidad y el de factores.
Memo Ríos partió disparado. Usando el pingüino blanco, uno de los meeples de conteo de puntaje que se regalaron el año pasado, armó temprano una jugada de 19 puntos y quedó convertido en el hombre a vencer. Estuvo cerca de cerrar la partida ahí mismo, hasta que una jugada rival le quitó cuatro puntos de la trama que había construido y lo dejó estancado en poco más de veinte.
Lo que vino después fue una guerra de desgaste. Catalina, Tamara y Pablo se atacaron con cartas de Factores rojas durante cerca de veinte minutos, sin que la punta avanzara casi nada. Memo seguía tercero, pero cada vez más cerca, acumulando cartas en su ecosistema sin que nadie lo mirara demasiado.
Entonces soltó el Factor que entrega puntos por cartas en el ecosistema. Tenía seis preparadas y una escala de siete puntos. Terminó con 40, contra los 33 de Pablo, los 32 de Catalina, los 30 de Felipe y los 24 de Tamara.
"Ufff, la final estuvo súper tensa", resume Dany. "Cuando fue a ganar le tiraron una carta para quitarle puntos y evitarlo, y aun así no fue suficiente para detenerlo."
Lo que pasó cuando terminó de contar
El público miró el recuento en silencio. Cuando quedó claro el resultado vinieron los aplausos, y con ellos la mejor parte de la tarde.
Felipe Luna se acercó primero: "Justo ganador. Si no ganaba yo, era justo que ganaras tú". Catalina, que le había frenado la primera victoria, fue derecho al punto: "Perdón, pero tenía que hacerlo, tú sabes". Tamara, que peleó la punta hasta el final, cerró sonriendo: "Casi, casi. Mi primera final en cuatro torneos que llevo jugando".
Memo, todavía transpirando, dijo lo único que se podía decir después de tres años intentando: "La tercera es la vencida".
Con eso se llevó el cupo directo a la Gran Final Nacional del 21 de noviembre en Santiago, donde se juega el viaje a la Antártica.
El puerto que ya despachó una expedición
La jornada empezó a las 12:45 y terminó a las 17:40, casi cinco horas de juego en el mismo puerto desde el que zarpó la primera expedición antártica chilena, en enero de 1947. Aquella vez el que salió fue un barco. Esta vez está cerca de salir un nuevo jugador, quien todavía tiene una final por delante.
La siguiente parada es Concepción, el sábado 12 de septiembre, en la Biblioteca Municipal José Toribio Medina.
